Durante los años 70, Martin Seligman desarrolló una interesante teoría que, si bien en un principió sirvió para explicar comportamiento animal, posteriormente se ha mostrado con gran capacidad explicativa para un número importante de fenómenos humanos.

Seligman descubrió que, tras someter a un animal a descargas eléctricas sin posibilidad de escapar de ellas, dicho animal no emitía ya ninguna respuesta evasiva aunque, por ejemplo, la jaula hubiese quedado abierta. En otras palabras, había aprendido a sentirse indefenso y a no luchar contra ello.

En ocasiones, uno puede agotarse de persistir y luchar contra las adversidades, optando por rendirse. Es común cuando las personas enfrentan situaciones complicadas y adoptan una actitud pasiva ante los desafíos. Por lo tanto, la indefensión aprendida es un fenómeno psicológico que surge cuando alguien se encuentra repetidamente con situaciones adversas y siente que no puede controlar ni evitar los resultados negativos. Esto lleva a una sensación de desamparo y resignación, con la expectativa de que las circunstancias no cambiarán en el futuro. Esta percepción de falta de control puede generar depresión al afectar la autoestima y el bienestar general. Es crucial destacar que la indefensión aprendida no se limita a situaciones específicas, sino que puede extenderse a otras áreas de la vida, dificultando la recuperación y el desarrollo de una mentalidad positiva.

Se considera como un conjunto de emociones, sentimientos, síntomas fisiológicos y comportamientos que se caracterizan por la desmotivación, el aislamiento, la pasividad y la falta de acción frente a situaciones negativas o desagradables, de las cuales cualquier individuo desearía evadirse.

Las personas que caen en este estado interpretan que su conducta no tiene efecto alguno sobre el entorno y ‘aprenden’ a no hacer nada, aunque lo estén pasando muy mal.

Se trata de algo semejante a rendirse, abandonar o ‘tirar la toalla’ cuando se tiene la sensación de que nuestro problema no tiene salida o su resolución se encuentra muy lejos de nuestro alcance. Cualquier tentativa de solución parecerá inútil. Todo ello responde a una vivencia puramente subjetiva, pero quien la padece no logra ver alternativas operativas para mejorar.

Afortunadamente, la indefensión aprendida no es permanente, es posible desafiar y modificar las creencias limitantes que sostienen esta sensación de desesperanza. Al adquirir habilidades de afrontamiento, reevaluar la capacidad de control y contar con un entorno de apoyo, se puede romper el ciclo de la indefensión aprendida y recuperar la autonomía y la resiliencia. Como dijo Albert Einstein, “Si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, pasará su vida entera creyendo que es un inútil”.

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