¿Podemos cambiar patrones mentales ? Epigenética y sabiduría del yoga

Chary Lozano profesora de yoga en Alcala de henares, el yoga y la epigenetica para cambiar nuestros patrones mentales

¿Podemos cambiar las huellas del pasado? Epigenética, memoria y la sabiduría del yoga

¿Hasta qué punto nuestra memoria determina quiénes somos? ¿Podemos cambiar patrones mentales profundamente arraigados en nuestro cerebro y en nuestra manera de vivir?

Un reciente estudio sobre epigenética, memoria y plasticidad cerebral ha aportado resultados fascinantes. Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) consiguieron modificar en ratones la expresión de una memoria ya aprendida actuando mediante edición epigenética sobre determinadas neuronas del hipocampo.

El descubrimiento no significa que podamos borrar recuerdos, ni que practicar yoga o meditación pueda modificar directamente nuestros genes. Sin embargo, sí vuelve a poner sobre la mesa una idea que la neurociencia lleva años estudiando: nuestro cerebro posee una extraordinaria capacidad de adaptación y cambio.

Para quienes practicamos yoga, resulta inevitable encontrar un interesante punto de encuentro con una enseñanza mucho más antigua: la filosofía yóguica sostiene que nuestras experiencias van dejando huellas —los llamados samskaras— que condicionan nuestras respuestas, pero que esas huellas no tienen por qué determinar para siempre nuestra vida.

¿Puede establecerse entonces un diálogo entre neuroplasticidad y yoga, entre los mecanismos de la memoria que estudia la ciencia y aquello que desde hace siglos describe la tradición yóguica?

Vamos a verlo.

Un estudio que consigue modificar la expresión de una memoria

El trabajo fue realizado por investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y publicado en 2025 en la revista científica Nature Genetics.

Los científicos estudiaron determinadas neuronas del giro dentado del hipocampo, una región cerebral estrechamente relacionada con el aprendizaje y la memoria.

Los ratones habían aprendido previamente a asociar un determinado entorno con una experiencia desagradable mediante una prueba conocida como condicionamiento contextual del miedo.

Los investigadores se centraron en las neuronas que habían participado en la formación de esa memoria, conocidas como células del engrama.

Un engrama puede entenderse, de manera simplificada, como la huella neuronal que deja una experiencia.

Mediante técnicas de edición epigenética basadas en CRISPR, el equipo intervino sobre un gen llamado Arc, especialmente importante para los procesos de aprendizaje y plasticidad sináptica.

Cuando redujeron epigenéticamente la actividad de Arc en las neuronas relacionadas con aquella memoria, la expresión del recuerdo se debilitó.

Cuando favorecieron su actividad, la expresión del recuerdo aumentó.

Y uno de los aspectos más llamativos fue que pudieron intervenir también sobre memorias ya consolidadas.

Puedes consultar también el artículo divulgativo publicado por National Geographic: “Un equipo de investigación logra reescribir la memoria de ratones usando epigenética”.

¿Qué es realmente la epigenética?

La epigenética estudia mecanismos que regulan la actividad de nuestros genes sin modificar necesariamente la secuencia del ADN.

Una manera sencilla de comprenderlo es imaginar nuestro ADN como una enorme biblioteca.

Los libros están allí, pero no todos se consultan al mismo tiempo.

Determinados mecanismos epigenéticos contribuyen a que algunos genes estén más activos o menos activos dependiendo del tipo de célula, del momento y de numerosas señales biológicas.

Desde hace años sabemos que el aprendizaje y la memoria están acompañados de modificaciones moleculares y epigenéticas.

Lo especialmente novedoso de esta investigación es que los científicos no se limitaron a observar esos cambios: intervinieron de manera dirigida sobre ellos y consiguieron modificar posteriormente la expresión de una memoria.

Memoria, cerebro y plasticidad

Durante mucho tiempo tendemos a imaginar nuestros recuerdos como archivos almacenados definitivamente.

Pero la memoria es mucho más dinámica.

Cada experiencia requiere complejos procesos neuronales y moleculares, y el cerebro conserva capacidad para reorganizar sus conexiones.

A esta capacidad de adaptación la denominamos neuroplasticidad.

Esto no significa que podamos cambiar cualquier recuerdo a voluntad.

Y mucho menos podemos afirmar, a partir de un estudio realizado en ratones, que una práctica de meditación o yoga produzca los mismos efectos moleculares.

Pero sí podemos afirmar algo mucho más interesante y científicamente sensato:

el cerebro no es una estructura completamente rígida y nuestra experiencia participa continuamente en su funcionamiento y adaptación.

Es precisamente aquí donde podemos empezar a conversar con la filosofía del yoga.

Samskaras: las huellas que dejan nuestras experiencias

Mucho antes de que existieran conceptos como neuroplasticidad o epigenética, la filosofía del yoga hablaba de los samskaras.

Los samskaras son las impresiones o huellas que nuestras experiencias, pensamientos y acciones van dejando en nosotros.

Una experiencia genera una determinada impresión.

La repetición fortalece ciertas respuestas.

Y esas respuestas pueden terminar convirtiéndose en patrones automáticos.

Podemos reconocer este fenómeno fácilmente en nuestra vida diaria.

Hay situaciones ante las que reaccionamos casi sin pensar.

Personas que despiertan inmediatamente determinadas emociones.

Miedos que aparecen siempre en circunstancias parecidas.

Pensamientos que llevamos años repitiéndonos:

“Yo soy así.”

“No puedo.”

“Siempre me ocurre lo mismo.”

“En mi familia todos somos así.”

Desde la perspectiva del yoga, esas tendencias existen, pero no constituyen nuestra esencia más profunda.

Podemos observarlas.

Y aquello que podemos observar deja de ser completamente inconsciente.

Yoga y neuroplasticidad: dos lenguajes diferentes

Conviene dejar algo muy claro.

La neurociencia y la filosofía del yoga no son lo mismo.

Un estudio molecular no demuestra los Yoga Sutras.

Y una enseñanza de Patanjali no explica un mecanismo genético.

Intentar convertirlos en equivalentes sería simplificar tanto la ciencia como el yoga.

Sin embargo, sí podemos establecer un diálogo entre ellos.

La ciencia contemporánea demuestra que el cerebro aprende, se adapta y cambia con la experiencia.

El yoga lleva siglos enseñándonos que la repetición crea patrones y que la práctica consciente puede ayudarnos a transformar nuestra relación con ellos.

Abhyasa: la importancia de aquello que repetimos

En los Yoga Sutras, Patanjali habla de abhyasa, la práctica constante.

Esta idea resulta especialmente interesante cuando hablamos de aprendizaje y plasticidad cerebral.

Nuestro sistema nervioso aprende mediante la experiencia y la repetición.

Lo que repetimos se vuelve cada vez más familiar.

También ocurre con nuestras respuestas emocionales.

Cada vez que reaccionamos de la misma manera reforzamos una forma conocida de responder.

Pero también podemos practicar algo diferente.

Cada vez que, ante una situación difícil, respiramos antes de reaccionar, estamos practicando.

Cada vez que observamos un pensamiento sin creer automáticamente todo lo que dice, estamos practicando.

Cada vez que permanecemos unos minutos en silencio, sintiendo nuestra respiración y nuestro cuerpo, estamos practicando.

Cada vez que elegimos conscientemente una respuesta diferente a la habitual, estamos abriendo una posibilidad nueva.

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Vairagya: soltar también la identidad que hemos construido

Junto a abhyasa, Patanjali sitúa vairagya, el desapego.

Y quizá uno de nuestros mayores apegos sea la idea que hemos construido acerca de nosotros mismos.

“Soy una persona nerviosa.”

“No sirvo para esto.”

“Nunca conseguiré cambiar.”

“Soy igual que mi madre.”

“Siempre reacciono así.”

A veces no estamos aferrados solamente a nuestras experiencias.

Estamos aferrados a la identidad que hemos creado a partir de ellas.

La práctica del yoga nos invita a mirar esas etiquetas desde otro lugar.

Tenemos pensamientos, pero no somos exclusivamente nuestros pensamientos.

Tenemos recuerdos, pero no somos exclusivamente nuestros recuerdos.

Tenemos una historia, pero no somos únicamente nuestra historia.

No podemos cambiar el pasado, pero sí nuestra relación con él

El acontecimiento que ocurrió no puede dejar de haber ocurrido.

Pero nuestra relación con esa experiencia sí puede evolucionar.

Podemos estar atentos a nuestros patrones mentales.

Podemos recordar algo desde la rabia durante años y, con el tiempo, contemplarlo desde la comprensión.

Podemos recordar una situación desde el miedo y posteriormente hacerlo con mucha más serenidad.

Podemos seguir teniendo la memoria de una experiencia sin que esa experiencia siga gobernando cada una de nuestras decisiones.

Aquí aparece una de las capacidades que cultivamos profundamente en el yoga:

crear espacio entre aquello que sucede y nuestra respuesta.

Cuando practicamos una postura manteniendo la atención, cuando observamos conscientemente nuestra respiración o cuando meditamos, entrenamos precisamente la capacidad de permanecer presentes ante nuestra experiencia.

Cambiar patrones mentales no significa negar lo que hemos vivido

Transformarnos no consiste en eliminar nuestro pasado.

Tampoco en cubrir con pensamientos positivos aquello que nos duele.

Se trata más bien de dejar de responder continuamente desde los mismos lugares.

Podemos comenzar introduciendo pequeñas experiencias nuevas en nuestra vida:

respirar conscientemente,

movernos de otra manera,

descansar,

escuchar nuestro cuerpo,

meditar,

establecer límites,

cultivar gratitud,

permanecer unos minutos en silencio,

o simplemente detenernos antes de reaccionar.

No porque estas prácticas “reescriban nuestros genes”.

Sino porque cada experiencia consciente puede contribuir a que dejemos de reforzar continuamente el mismo patrón.

La libertad de crear caminos nuevos

Quizá la imagen más hermosa sea pensar en nuestras experiencias como caminos.

Hay senderos que hemos recorrido tantas veces que están profundamente marcados.

Resulta muy fácil volver a ellos.

Pero eso no significa que sean los únicos caminos posibles.

Al principio, abrir uno nuevo requiere atención.

Práctica.

Persistencia.

Quizá incluso incomodidad.

Pero cada paso hace ese nuevo camino un poco más transitable.

Eso podría ser también una manera de comprender el trabajo profundo del yoga.

No se trata de convertirnos en otra persona.

Se trata de liberarnos poco a poco de aquello que realizamos automáticamente para recuperar nuestra capacidad de elegir.

Nuestro pasado influye, pero no tiene por qué decidir nuestro futuro

La investigación sobre memoria, epigenética y neuroplasticidad continuará aportándonos nuevos descubrimientos.

El reciente estudio realizado en ratones muestra algo extraordinariamente interesante: incluso determinados mecanismos moleculares asociados a una memoria consolidada conservan capacidad de modificación.

Todavía estamos muy lejos de poder trasladar directamente estos resultados a la experiencia humana.

Pero el mensaje que podemos extraer resulta profundamente estimulante:

la vida biológica es mucho más dinámica de lo que durante años hemos imaginado.

Y desde la filosofía del yoga podríamos expresarlo de otra manera:

las huellas existen, pero podemos dejar de caminar siempre sobre ellas.

No podemos cambiar aquello que sucedió.

Pero podemos transformar nuestra manera de relacionarnos con ello.

Podemos desarrollar nuevas respuestas.

Podemos crear nuevas experiencias.

Podemos dejar de identificarnos completamente con nuestras antiguas historias.

Y cada vez que somos capaces de observar un patrón mental y responder con mayor conciencia, comienza a aparecer una pequeña forma de libertad.

Quizá la verdadera transformación no consista en borrar nuestra historia.

Quizá consista en conseguir que nuestra historia deje de decidir continuamente quién podemos llegar a ser.

Y eso también es yoga.

Chary Lozano

Profesora de yoga y formadora de profesores con más de 20 años de experiencia. Directora de la Escuela de Yoga Esencial®, acompaña a cada persona desde una enseñanza cercana, consciente y adaptada.

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